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ACERCA DEL ICP

El Instituto de Cultura Puertorriqueña es la institución gubernamental a la que se asigna la responsabilidad de establecer la política cultural del Gobierno de Puerto Rico. El Instituto fue creado por virtud de la Ley 89, del 21 de junio de 1955, según enmendada, con el propósito de contribuir a conservar, promover, enriquecer y divulgar los valores culturales del pueblo de Puerto Rico y lograr el más amplio y profundo conocimiento y aprecio de los mismos.

El Instituto inició sus funciones en noviembre de 1955. Su primer director ejecutivo fue el Dr. Ricardo E. Alegría, quien guió la agencia hacia dos objetivos fundamentales: estudiar y conservar nuestro patrimonio histórico-cultural; y estimular, fomentar, promover y divulgar las diversas manifestaciones de la cultura Puertorriqueña.

En términos generales, la estructura organizacional del Instituto responde a las funciones que la ley le asigna. Varios programas atienden los siguientes aspectos especializados de la cultura: fomento de las artes, las artes plásticas, las artes populares, la arqueología, los museos y los parques, los monumentos y las zonas históricas, la música, las publicaciones y las grabaciones, el teatro y la danza, el Archivo General y la Biblioteca Nacional; y extiende su gestión de promoción cultural por toda la Isla, a través de los Centros Culturales, organizaciones autónomas en los pueblos.

ABOUT THE IPRC

The Institute of Puerto Rican Culture is the governmental institution responsible for establishing the cultural policy of the government of Puerto Rico. The Institute was created under Act 89 of June 21, 1955 for the purpose of contributing to the conservation, promotion, enrichment and disclosure of the cultural values of Puerto Rico, and aiming towards the broadest and profoundest knowledge and appreciation of the same.

The Institution began operations in November 1955. Its first Executive Director was Dr. Ricardo E. Alegría, who led the agency towards two fundamental objectives: to study and preserve our cultural-historic heritage and to stimulate, foster, promote and divulge the various manifestations of Puerto Rican culture.

In general terms, the organizational structure of the Institute responds to the functions assigned to it by law. Various programs are in charge of the following specialized aspects of culture: promotion of the arts, plastic arts, popular arts, archaeology, museums and parks, monuments and historic zones, music, publications and recordings, the theater, dance, the General Archives and the National Library. It extends its measures for cultural promotion throughout the Island by means of the Cultural Centers, which are autonomous organizations in the various towns.

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HISTORIA


El 30 de junio de 1955 la Asamblea Legislativa de Puerto Rico aprobó, por mayoría de votos, el proyecto de ley en virtud del cual se creaba el Instituto de Cultura Puertorriqueña, corporación pública dedicada al estudio, conservación, divulgación y enriquecimiento de nuestra cultura nacional. El proyecto, preparado a iniciativa del gobernador Luis Muñoz Marín, fue radicado en la Cámara de Representantes por su presidente, el licenciado Ernesto Ramos Antonini. La exposición y defensa de la medida estuvo a cargo del representante Jorge Font Saldaña.

El establecimiento de este nuevo organismo cultural se fundamentaba en poderosas razones de orden histórico y sociológico. En Puerto Rico se requería contrapesar décadas de ignorancia y de abandono respecto a la conservación y promoción de nuestros valores culturales en todos los órdenes de nuestra vida, incluso en el orden educativo; se necesitaba contraponer un cultivo consciente de esos valores a muchos lustros de influencias perjudiciales y a veces, incluso, abiertamente contrarias a los mismos; se precisaba luchar contra un condicionamiento psicológico, fuertemente arraigado en nuestra sociedad colonial, que inducía a muchos puertorriqueños a despreciar sistemáticamente todo lo que fuera o pareciera ser autóctono, y a valorizar, fuera de toda proporción, lo que fuera o pareciera ser exótico.

Dadas estas circunstancias, era natural que la creación del Instituto de Cultura Puertorriqueña estuviera suscrita al principio a la tenaz oposición de ciertos sectores de opinión. En la asamblea Legislativa el proyecto provocó uno de los más interesantes debates habidos en su seno, siendo finalmente aprobado con el voto en contra de todos los representantes de los partidos de minoría. Posteriormente le impartió su sanción el Gobernador.

En la prensa del país halló amplio eco la polémica suscitada por la nueva institución, que, en palabras de algunos de sus opositores, reflejaba un espíritu provinciano, chauvinista, estrechamente nacionalista. Con la creación del Instituto argumentaban dichas personas que se otorgaba excesiva importancia a nuestro insignificante patrimonio cultural autóctono, en perjuicio del amplio y rico legado de la civilización grecolatina, traída a Puerto Rico, en su versión hispánica, por la Madre Patria, y enriquecida posteriormente con las aportaciones de la cultura norteamericana. Creóse así una artificial confrontación entre puertorriqueñismo y occidentalismo, llegando algunos de los representantes de la última tendencia a negar la existencia de una cultura específicamente puertorriqueña.

Otra fuerte oposición al establecimiento del Instituto de Cultura provino del sector político que desde el año 1898, fecha de la ocupación de Puerto Rico por los Estados Unidos, venía promulgando la norteamericanización cultural del País como etapa preparatoria de su anexión, como estado, a la Unión norteamericana.

Desde el principio, definimos la cultura nacional como el producto de la integración que en el curso de cuatro siglos y medio había tenido lugar en Puerto Rico, entre las respectivas culturas de los indios taínos que poblaban la Isla para la época del Descubrimiento, de los españoles que la conquistaron y colonizaron, y de los negros africanos que, ya desde las primeras décadas del siglo XVI, comenzaron a incorporarse a nuestra población.

También dejamos claramente establecido que el concepto de cultura nacional abarca desde las más populares y sencillas expresiones folklóricas hasta sus más depuradas y sofisticadas manifestaciones cultas.

Otros dos principios, esta vez de acción, presidieron desde su origen la actividad del Instituto de Cultura: el carácter general o nacional de su obra, que debería abarcar toda la Isla, sin circunscribirse a la capital o a la zona metropolitana; y su total autonomía respecto de todo criterio o intervención político-partidista. Ello, en razón de su naturaleza estrictamente cultural.

La labor del Instituto se ha visto recompensada por sus resultados. Y el mejor resultado ha sido la acogida que el pueblo, sin distinciones de ninguna especie, ha dado a nuestras iniciativas; la manera en que ha colaborado con nuestras actividades, la alegría con que ha reconocido lo que es y lo que vale la cultura puertorriqueña. Esta actitud de nuestro pueblo se revela en su asistencia a las exposiciones, conferencias, conciertos, recitales, representaciones teatrales y de ballet, sesiones de cine, documentales, ferias y otros actos organizados por el Instituto; en su aprecio por nuestra producción editorial, su apoyo a nuestro programa de restauración de edificios históricos, su cooperación con nuestro programa de conmemoraciones históricas. Se refleja, además, en el estímulo que la obra del Instituto ha significado para nuestros investigadores históricos, nuestros literatos y músicos, escultores y grabadores, actores y bailarines.

Toda nuestra labor, y la actividad desencadenada por ella, ha contribuido decisivamente a consolidar un estado de conciencia pública que antes no existía; ahora ya a nadie le avergüenza hablar, antes le enorgullece hacerlo, de la cultura puertorriqueña. De su no reconocimiento -hablo en términos generales- se ha pasado a su "descubrimiento", a su aprecio, a su goce y disfrute, no sólo con seguridad, sino con orgullo. Por primera vez en nuestra historia, lo puertorriqueño ha venido a ser sinónimo de excelencia. Esto se demuestra en el énfasis con que por la radio y la televisión se acentúa el carácter puertorriqueño de nuestros productos industriales y comerciales.

La popularidad que hoy goza todo lo "puertorriqueño" es conveniente y halagadora, pero puede resultar peligrosa, si a través de la propaganda realizada por los medios masivos de comunicación se llega a difundir la noción errónea de que nuestra cultura consiste en comer almojábanas y el lechón asado, en jugar gallos y bailar la plena; y de que mantener estas manifestaciones de la culinaria y del folklore nacional equivale a conservar la cultura puertorriqueña. Hay un gran peligro de que se difunda este concepto equivocado, pues en cualquier sociedad nacional pueden conservarse y sobrevivir elementos como los mencionados, mientras se desnaturalizan o perecen sus más altos valores.

Al hablar de la cultura que, como nación, posee Puerto Rico, debemos tener presentes valores más profundos y trascendentales.

A pesar de la herencia milenaria que nos viene de los taínos, del África, y sobre todo, de la España inmortal, la cultura puertorriqueña es una cultura joven. Su vitalidad, sin embargo, es grande y se manifiesta en todos los órdenes de la actividad creadora. De ella dan fe las presentes realizaciones de nuestra literatura, nuestro teatro, nuestra música, nuestras artes plásticas, nuestro afanoso laboreo en la investigación histórica, antropológica y folklórica.

Pero cultura es mucho más, todavía, que todas estas cosas. De la misma manera que la cultura de un pueblo no está constituida solamente por su riqueza folklórica, tampoco lo está por sus realizaciones intelectuales y artísticas. Cultura es, sobre todo, concepto y manera de vida; es estado espiritual que define la fisonomía de una gente, de una nacionalidad.

Son las virtudes intelectuales y morales las que, en esencia, constituyen un pueblo. Puerto Rico está constituido sobre algunas virtudes, de sólido fundamento humano y cristiano, que distinguen a nuestro pueblo de los demás, y que constituyen nuestra más auténtica aportación a la cultura universal.

Entre estos valores que nos caracterizan como pueblo se destacan nuestro profundo sentido humanitario, expresado en el hábito nacional de la compasión por los infortunados; la arraigada convicción en la igualdad humana, manifestada en nuestro mestizaje y ejemplar convivencia social; la constante tendencia a la justicia, de la que se derivan nuestro amor a la democracia y a la libertad; la vocación por la paz, que ha hecho del nuestro uno de los pueblos más civilizados del mundo; nuestra devoción por la cultura, de la que nace el secular afán puertorriqueño por la escuela y la enseñanza; y, por último, nuestra tradicional sencillez, que nos capacita para reconocer y apreciar, espontáneamente, todo lo bueno, noble y grande que tienen los demás pueblos.

Estas virtudes sociales que hemos mencionado, constituyen, junto a muchas otras, el fundamento de nuestra cultura nacional. Sobre este fundamento, y sólidamente unido a él, por razón de lo que han aportado y acumulado la geografía e historia común y el cruce de razas, se levanta el andamiaje de nuestra lengua, costumbres y tradiciones, nuestro arte y nuestro folklore.

Es esta constelación de valores lo que constituye la cultura puertorriqueña. Existe en ella una jerarquía determinada por la mayor o menor excelencia de los mismos. Los de menor rango no deben suplantar a los de más alta categoría, pero tampoco deben ser despreciados o descuidados.

Una cultura nacional es la obra que la naturaleza, el arte y la historia, trabajando simultánea y recíprocamente, han creado a través de los siglos. No puede, por tanto, improvisarse. Pero puede destruirse, si confiados en sus inmensas energías vitales, olvidamos que necesita de amor, cuidado y cultivo, y en muchos casos, de firme y decidida defensa.

La cultura puertorriqueña, hemos dicho, reviste gran vitalidad y energía, y buenas demostraciones ha dado de ello. Pero es también cierto que ha estado y continúa expuesta a influencias, poderosas y tenaces, que la han afectado en el pasado, la afectan en el presente, y pueden deteriorarla, e incluso destruirla, en el futuro. Estas influencias son, además de nocivas, innecesarias y superfluas. No son las influencias naturales y espontáneas que, en la vasta intercomunicación de los pueblos reportan y difunden beneficios intelectuales, artísticos y sociales. A estas influencias podemos y aún debemos abrirle nuestras puertas sin temor, haciendo gala de la tradicional hospitalidad puertorriqueña. Ellas constituyen el manjar exótico que, consumido, habremos de asimilar y transformar en nuestro propio modo de ser.

Por ser la cultura puertorriqueña un bien que pertenece a todos los puertorriqueños, e incluso a los no puertorriqueños que con nosotros conviven, constituye un deber de todos los individuos e instituciones del País, el defenderla, promoverla y, antes que nada, conocerla.

Quienes más y mejor conocen a su patria la amarán más, y por lo tanto, le servirán mejor.

Tomado de: Alegría, R. E. El Instituto de Cultura Puertorriqueña 1955-1973: 18 años contribuyendo a fortalecer nuestra conciencia nacional. San Juan, P.R.: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1978.

HISTORY

On June 30, 1955 a majority of the Puerto Rico Legislature voted for the enabling act for the Institute of Puerto Rican Culture, a public corporation dedicated to the study, preservation, diffusion, and enrichment of our national culture. The bill, drafted at Governor Luis Muñoz-Marín’s initiative, had been filed in the House of Representatives by the president of that body, Ernesto Ramos-Antonini, Esq. The bill was presented and defended by Representative Jorge Font-Saldaña.

This new cultural entity was established for compelling historical and sociological reasons. There was a need in Puerto Rico to counteract decades of ignorance and neglect with regard to the preservation and promotion of our cultural values in all orders, including the educational order. There was a need to counteract decades of harmful influences, which at times were openly contradictory to our cultural values, with an effort to promote those values. There was an urgent need to struggle against a psychological conditioning which had become deeply rooted in our colonial society, and which led many Puerto Ricans to systematically diminish anything autochthonous or anything that seemed autochthonous, while disproportionately valuing everything that was foreign, or that seemed foreign.

In view of these circumstances, it was only natural that the creation of the Institute of Puerto Rican Culture initially faced staunch opposition in certain ideological quarters. The bill provoked one of the most interesting debates ever in the Legislature, and was finally approved with all of the minority representatives voting against it while being later approved by the Governor.

The controversy created by the new institution was widely echoed in the press, and in the words of some of the opposition, the institution was said to be provincial, chauvinistic, and narrowly nationalistic. The opposition argued that, with the creation of the Institute, excessive importance was being granted to our insignificant autochthonous cultural heritage, to the detriment of the broad and rich heritage of Greek and Roman civilization brought to Puerto Rico in its Hispanic version by the Mother Country and later enriched with the contributions made by North American culture. An artificial confrontation was thus created between Puerto Ricanism and Westernism, and some who defended the latter tendency even denied the existence of a specifically Puerto Rican Culture.

Another source of opposition to the establishment of the Institute of Culture was the political sector that since 1898, when Puerto Rico was occupied by the United States, had been promoting the cultural Americanization of the country as a preparatory phase for the annexation of Puerto Rico as a State of the American Union.

From the beginning, we defined national culture as a product of the integration of the respective cultures of the Taíno indigenous people that inhabited the island at the time of the Discovery, the Spanish who conquered and colonized the island, and the black Africans who since the early decades of the 16th century were incorporated in our population, a process that has been taking place in Puerto Rico for over four and a half centuries.

We also clearly set forth that the concept of national culture embraces the most simple and popular folkloric expressions to the most refined and sophisticated manifestations of culture.

Another two principles, in this case principles of action, guided the Institute of Culture from its origins: the general or national nature of its activities, which should reach all of the island, and not be circumscribed to the Capital or the Metropolitan Area, and its complete autonomy with regard to any partisan political criterion or intervention, due to the strictly cultural nature of the institution.

The results of the effort exerted by the Institute have been rewarding. The most important result has been the recognition afforded by the general population, beyond any differences, to our initiatives, shown in their collaboration with our activities and the joy taken in recognizing what constitutes Puerto Rican culture and its value. This attitude of our people is demonstrated by attendance at exhibitions, lectures, concerts, recitals, theatrical and ballet performances, film and documentary screenings, fairs, and other activities organized by the Institute, as well as their support for our historic restoration program and their cooperation with our historic commemoration program. The attitude of our people is also reflected in the stimulus provided by the Institute’s efforts to our historical researchers, our writers and musicians, our sculptors and graphic artists, our actors and dancers.

All of our work, and the activities that have resulted from this work, has contributed decisively to consolidating a public awareness that had not existed before. No one is ashamed anymore to talk about Puerto Rican culture, rather people are proud to do so. From being unacknowledged, I am speaking in general terms, the culture has been “discovered,” it is appreciated and enjoyed, not only with confidence but with pride. For the first time in our history, being Puerto Rican has become synonymous with being excellent. This is demonstrated by the emphasis given in the media to the “Puerto Ricanness” of our industrial and commercial products.

The popularity now enjoyed by things that are Puerto Rican is beneficial and encouraging, but may become dangerous if the media comes to disseminate the mistaken notion that our culture consists of eating hush-puppies (almojábanas) or that culinary and folkloric expressions are equivalent to preserving Puerto Rican culture. There is a danger that this erroneous concept will become generalized, because, in any nation, elements such has these may be preserved and may survive, while the supreme values are denaturalized or perish.

In speaking about the culture that Puerto Rico possesses as a nation, we should keep in mind deeper and more transcendental values.

In spite of the millenarian heritage we have inherited form the Taíno people, from Africa, and above all, from immortal Spain, the culture of Puerto Rico is a young culture. Yet, it is a vital culture, finding expression in all orders of creative activity, as borne out by our current literature, our theater, our music, our graphic arts, and our thorough historical, anthropological, and folkloric research.

But culture is a lot more that the sum of all of these things. Just as the culture of a people is not constituted only by the richness of its folklore, it is not solely constituted by its intellectual and artistic creations. Culture is above all a concept and a way of life, a spiritual state that defines the profile of a people and a nationality.

A people are constituted, in essence, by their intellectual and moral values. Puerto Rico is constituted on the basis of certain virtues, solidly grounded in humanism and Christianity, that distinguish our people from others, and which represent our most authentic contribution to universal culture.

Among the values that characterize us as our people is our deep sense of humanitarianism, expressed in the national habit of compassion for the less fortunate, a deeply rooted conviction of human equality, manifested in our racial mixing and exemplary social coexistence. There is a constant tendency towards justice, the basis for our love of democracy and freedom. We have a vocation for peace which has made our people one of the most civilized in the world; and our devotion to culture is grounded in the centuries-old Puerto Rican interest in schooling and education. Last, but not least, is our tradition of simplicity, which enables us to recognize and value spontaneously all that is good, noble, and great in other peoples.

It is these social values that we have mentioned, among many others, that constitute the foundation of our national culture. Our language, our customs and traditions, our art and our folklore are solidly erected on this foundation, a foundation that reflects the contributions of geography and commonly shared history, as well as the intermarriage of races.

It is this constellation of values that constitutes Puerto Rican culture. There is a hierarchy within these values according to the degree of excellence of these values. Those of lesser rank should not displace the higher values, yet they should not be disdained or neglected.

A national culture is a work created by Nature, Art, and History, simultaneously and reciprocally, through the centuries. A national culture, therefore, cannot be improvised. It can be destroyed, however, if in relying on its great vitality, we forget its need for love, care, and nurture, and in many cases, its need of a firm and energetic defense.

We have said that Puerto Rican culture is vital and full of energy, and the culture has given many examples of this. But it is also true that the culture has been exposed, and continues to be exposed to powerful and tenacious influences that have affected it in the past and continue to affect it in the present, and that may cause it to deteriorate or even destroy it in the future. These influences, besides being damaging, are unnecessary and superfluous. They are not the natural and spontaneous influences that occur in the vast intercommunication among peoples and produce and disseminate great intellectual, artistic and social well-being. These influences are the foreign fruit, which if we consume, we will assimilate and transform into our own way of being.

Puerto Rican culture is a possession that belongs to all Puerto Ricans, and those who are not Puerto Rican who live among us. It is the duty of all individuals and institutions of the country to defend it, to support it, and above all, to know it.

Those who have the greatest and deepest knowledge of their homeland will love it best, and will therefore serve it best.

Taken from Alegría, R.E. El Instituto de Cultura Puertorriqueña 1955-1973: 18 años contribuyendo a fortalecer nuestra conciencia nacional. San Juan, P.R.: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1978.

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EMBLEMA

El escudo o emblema del Instituto de Cultura Puertorriqueña, aprobado en 1956, fue concebido por el Dr. Ricardo E. Alegría. Su ejecución artística estuvo a cargo del destacado pintor y grabador, don Lorenzo Homar.

El emblema representa las tres culturas y razas que dieron origen a la cultura y al pueblo puertorriqueño.

La aportación del elemento aborigen está significada por el cacique indígena que sostiene en sus brazos un cemí, talla en piedra representativa del arte taíno. Le rodean plantas autóctonas de la Isla: la yuca, el maíz y el tabaco.

La aportación del elemento español está significada por el caballero ataviado a la usanza del siglo XVI, que sostiene una gramática de la lengua castellana. Le sirven de fondo las tres carabelas del descubrimiento, en cuyas velas se destacan la figura de la cruz, símbolo del cristianismo.

La aportación africana está representada por el negro que sostiene un tambor y un machete. Junto a él figuran una máscara y una mata de plátanos. Tanto el tambor como la máscara simbolizan la música y las manifestaciones folklóricas que la cultura negra legó a Puerto Rico. El machete alude a la gran contribución del trabajador en el desarrollo de nuestra agricultura, mientras que la mata de plátanos constituye un recordatorio de las plantas traídas de África.

A la inscripción que rodea el emblema, sirve de broche el Cordero Pascual, símbolo principal del escudo de Puerto Rico.


EMBLEM

The shield or emblem of the Institute of Puerto Rican Culture, which was approved in 1956, was rendered by the renowned painter and graphic artist, Lorenzo Homar, based on a concept by Dr. Ricardo E. Alegría.

The emblem represents the three cultures and races that gave rise to the culture and the people of Puerto Rico.

The contribution of the aboriginal element is represented by the cacique holding a cemí, a stone carving that is representative of Taíno art. The figure is surrounded by autochthonous vegetation: manioc, corn, and tobacco.

The contribution made by the Spanish element is represented by the knight in sixteenth century attire holding Nebrija’s Spanish Grammar on a background of the three ships, or carabelas, of the Discovery, with the Cross, the symbol of Christianity.

The African contribution is represented by the black man holding a drum and a machete, or short sword. Next to him there is a mask and plantain foliage. The drum and the mask are symbols of the African heritage in Puerto Rican folklore. The machete refers to the enormous contribution made by workers to the growth of our agriculture, while the plantain foliage evokes vegetation imported from Africa.

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SEDE

 El Asilo de Beneficencia, sede del Instituto de Cultura Puertorriqueña, es el primero de los edificios monumentales construidos en el Barrio Ballajá del Viejo San Juan.

En 1838, el gobernador Miguel López de Baños propone al Ayuntamiento una casa de reclusión para segregar a las mujeres encarceladas. El arquitecto Pedro García presenta al Ayuntamiento los planos y el presupuesto para el edificio en 1840. Al año siguiente, se le encomienda esta obra al comandante de ingenieros, Santiago Cortijo. Se hace cargo de los trabajos de construcción el capitán de artillería José de la Pezuela, mientras García y Cortijo emprendían sendas obras de reconstrucción en la ciudad. El proyecto original se había ampliado para levantar un establecimiento general de beneficencia pública.

La construcción de la Casa de Beneficencia, como se le llamaba indistintamente, comenzó en 1841 y en 1844 abre sus puertas a los indigentes sin estar terminada aún la obra. Es en 1846 que se bendice la capilla, celebrándose la primera misa el 18 de noviembre. Se terminó el edificio en 1848 bajo el gobierno del mariscal de campo don Juan Prim.

El edificio es de planta rectangular con las dependencias distribuidas en torno a dos grandes patios, con una segunda planta entre ambos. En la parte posterior, tiene dos plantas aprovechando una depresión del terreno. La fachada principal mantiene un solo piso estilo greco-romano de orden dórico-romano.

Durante los primeros años, convivían en la Casa de Beneficencia dementes, reclusas, prostitutas, ancianos, inválidos, mendigos, huérfanos, jóvenes descarriados y otros infortunados. Desde 1858 se inician gestiones para segregar a los dementes. En 1872 el Asilo fue declarado institución provincial, transfiriéndose a la Diputación. De inmediato se inician las reformas institucionales y, en consecuencia, se hacen reparaciones y reformas menores al edificio. Para esos años ocupa la dirección de la Casa de Beneficencia el Dr. Manuel A. Alonso, iniciador de nuestro criollismo literario y patriarca de la literatura puertorriqueña.

De 1896 al 1897, respondiendo a gestiones iniciadas en 1879, se construye una segunda planta, limitada a la parte delantera del edificio. Este proyecto está a cargo del maestro de obras Luis G. Rubio, quien adopta el estilo arquitectónico que predomina en la fachada, se utilizan arcos de medio punto para las ventanas del piso superior, a diferencia de los vanos adintelados con cornisas individuales de la planta baja. Se acentúa la puerta principal con ocho columnas dóricas rematadas por un frontón triangular.

Durante las primeras dos décadas de este siglo se usa el edificio, principalmente, para enfermos mentales, y la estructura sufre modificaciones periódicas. El Departamento de Sanidad lo ocupa de 1923 a 1929, cuando el ejército de los Estados Unidos toma posesión del edificio y lo destina para uso militar. En la siguiente década, los militares removieron los pisos, techos y escaleras de madera y mampostería para remplazarlo con hormigón armado. Construyen dos reducidas alas simétricas complementando la actual forma en "E" de la segunda planta, y añadieron los garajes en la colindancia oeste del solar.

El 17 de noviembre de 1978, la Administración de Servicios Generales de los Estados Unidos otorga una escritura de cesión de derecho a favor del Gobierno de Puerto Rico. Quedó el edificio abandonado y deteriorándose aceleradamente hasta que, en 1985, el gobernador Rafael Hernández Colón anuncia su próxima restauración para servir como sede del Instituto de Cultura Puertorriqueña, proyecto que estuvo a cargo del arquitecto J.R.C. Davis Pagán.

La inauguración formal, en octubre de 1992, coincide con la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América y Puerto Rico. El propósito último de este proyecto apunta hacia la conservación de nuestro patrimonio nacional y la remodelación del Barrio Ballajá, rescatándolo del olvido y dándole sentido a este importante espacio urbano que se ha definido como el subsector institucional de escala más monumental de la ciudad.

Headquarters


The Welfare House (Asilo de Beneficencia), headquarters for the Institute of Puerto Rican Culture, is the first monumental building constructed at the Ballajá Quarter in Old San Juan.

In 1838, Governor Miguel López Baños proposes to the Municipal Government the construction of a seclusion house for imprisoned women. In 1840, architect Pedro García presents the Municipal Government his blueprints and budget. The following year, Santiago Cortijo, engineer commander, is entrusted with the construction of the project. Artillery Captain José de la Pezuela takes charge of the construction work, while García and Cortijo start working in reconstruction projects in the city. The original project had been enlarged so as to build a general establishment for public welfare.

The construction of the Welfare House, as it was generally known, started in 1841, and in 1844, before its completion, it opened its doors to the needy. In 1846 the blessing of the chapel takes place, the first Mass being celebrated on November 18. The building was completed in 1848 under the government of Juan Prim, Field Marshal.

The building is of a rectangular shape with its branches distributed around two great patios, with a second story in between them. It consists of two stories on its posterior side, taking advantage of a lowering of the land. The main façade consists of just one story of Greco-Roman style of the Doric-Roman order.

During its first years, insane persons, inmates, prostitutes, old people, beggars, invalids, orphans, stray young people and other unfortunates all lived together in the Welfare House. In 1858 steps are initiated for the segregation of the insane. In 1872 the Institute was declared a provincial institution, being then transferred to the Parliament. Institutional reforms are immediately started and, as a consequence, the building undergoes minor repairs and improvements. It is during those years that Dr. Manuel A. Alonso, initiator of our literary “criollismo” and patriarch of Puerto Rican literature, occupies the seat of Director of the Welfare House.

From 1896 to 1897, in answer to measures initiated in 1879, a second story on the front part of the building is constructed. Construction foreman Luis G. Rubio was in charge of the project, adopting the architectonic style that predominates in the façade, with round arches on the top floor windows, in contrast with lintel bays with individual cornices on the lower floor. The front door is accentuated with eight Doric columns, which end on a triangular gable.

During the first two decades of this century, the building is mainly used for the mentally sick, and the structure undergoes periodic modifications. The Department of Health occupies the building from 1923 to 1929, when the U.S Army takes possession of the same for military purposes. During the ensuing decade, the military removed the floor tiles, ceilings, wooden stairways and masonry and replaced them with reinforced concrete. They built two reduced symmetric wings, complementing its present “E” shape in the second floor, and added the garages on the abutting West side of the lot.

On November 17, 1978, the U.S. General Services Administration deeds the building to the Government of Puerto Rico. The building was abandoned and started to rapidly deteriorate until 1985 when Governor Rafael Hernández Colón announced that the building was soon to be restored and will serve as headquarters for the Puerto Rican Institute of Culture, a project that took place under the direction of architect J.R.C. Davis Pagán.

The formal inauguration in October 1992 coincided with the celebration of the Fifth Centennial of the Discovery of America and Puerto Rico. The main purpose of this project points towards the conservation of our national patrimony and the remodeling of the Ballajá Quarter, rescuing it from forgetfulness and imparting sense to this important urban space that has been defined as the institutional sub-sector with the most monumental scale in the city.

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JUNTA DE DIRECTORES / BOARD OF DIRECTORS 

                                                                                                                      

JUNTA DE DIRECTORES 2012 | BOARD OF DIRECTORS 2012

 Dr. Rafael Colón Olivieri | Presidente

Dr. Rodolfo Ferrer | Vice Presidente

Dr. Lucas Mattei | Secretario

Dr. José Alberty Monroig

Dr. Gonzalo Córdova

Prof. Manuel Álvarez Lezama

Ing. Rafael Angel Torrens Salvá

Dra. Raquel Rosario Rivera

Lcdo. Eduardo Arosemena Muñoz

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DIRECCIÓN EJECUTIVA

  • Sub Dirección Ejecutiva
  • Recursos Humanos
  • Información y Prensa
  • Sistemas de Información

La Oficina de Dirección Ejecutiva dirige, coordina y supervisa todas las actividades que se realizan en el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Es responsable de conceptuar la misión cultural que debe cumplir el Instituto. Este deber indelegable incluye el coordinar diversos y numerosos trabajos programáticos y administrativos, con el fin de que se cumpla de manera eficiente, ágil y efectiva, el propósito de la Ley 89.

Esta oficina recibe apoyo de la Subdirección Ejecutiva en todas sus responsabilidades. Para coordinar armoniosamente las funciones administrativas y programáticas, Dirección Ejecutiva cuenta con el apoyo de todas las oficinas del Instituto.

CONTÁCTENOS

Dra. Lilliana Ramos Collado
Directora Ejecutiva

DIRECCIÓN FÍSICA
Antiguo Asilo de Beneficencia
Frente al Cuartel de Ballajá
Viejo San Juan, Puerto Rico

DIRECCIÓN POSTAL
Dirección Ejecutiva
Instituto de Cultura Puertorriqueña
Apartado postal 9024184
San Juan, Puerto Rico 00902-4184

TELÉFONO
(787) 724-0700 exts. 1001 / 1002

FAX
(787) 724-8393

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EXECUTIVE DIRECTION


The Executive Director’s Office oversees and supervises all the activities organized by the Institute of Puerto Rican Institute of Culture programs. It has the responsibility of implementing the cultural vision and the goals that the Institute must fulfill. This duty cannot be passed on to others and includes the coordination of the various programs and administrative tasks, with the object of complying in an agile, efficient and effective way with the purposes of Act 89.

To harmoniously coordinate the administrative and programmatic operations, the Executive Director’s Office relies on the support of the Institute’s offices.

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Dra. Lilliana Ramos Collado
Executive Director

HEADQUARTERS ADDRESS
Antiguo Asilo de Beneficencia
Barrio Ballajá
Viejo San Juan, Puerto Rico

POSTAL ADDRESS
Dirección Ejecutiva
Instituto de Cultura Puertorriqueña
Apartado postal 9024184
San Juan, Puerto Rico 00902-4184

PHONE NUMBERS
(787) 724-0700 exts. 1001 / 1002

FAX
(787) 724-8393

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ADMINISTRACIÓN

  • Administración
  • Compras
  • Contratos
  • Donativos Legislativos
  • Finanzas
  • Planificación y Presupuesto


Dirige, coordina y supervisa las tareas administrativas que se realizan en el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Asesora a la Dirección Ejecutiva y demás áreas programáticas sobre las normas y procedimientos administrativos que rigen en Puerto Rico; revisa, prepara e implanta reglamentos, normas y procedimientos para regular y dirigir las operaciones administrativas de la Agencia. Es responsable, además, de la administración de los Donativos Legislativos a organizaciones particulares con fines culturales concedidos por la Asamblea Legislativa.


TELÉFONO
(787) 724-0700 ext. 1100

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ENLACES CULTURALES

Bibliotecas 

www.cervantesvirtual.com


La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, inaugurada en julio de 1999, es un proyecto de edición digital del patrimonio bibliográfico, documental y crítico de la cultura española e hispanoamericana. La Universidad de Alicante (Universitat d'Alacant) y el Banco Santander Central Hispano, junto a la Fundación Marcelino Botín, son los miembros fundadores de este proyecto. Un amplio equipo dirigido por docentes e investigadores universitarios son los responsables del rigor científico de la biblioteca y de la operatividad de su difusión electrónica. La página cuenta con la cooperación de autores y editoriales responsables de las últimas producciones literarias. Este proyecto se une a la suma de esfuerzos de otras instituciones, públicas y/o privadas interesadas en el estudio y la difusión de la cultura española e hispanoamericana.

Directorio de Bibliotecas Públicas del Área Metropolitana

Directorio de Bibliotecas Privadas del Área Metropolitana

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Editoriales


La Editorial de la Universidad de Puerto Rico
www.laeditorialupr.org


La Editorial Universidad de Puerto Rico se creó con el propósito de fomentar, enriquecer y difundir ampliamente los conocimientos que se generan en la Universidad. Entre los más de mil títulos que ha publicado desde su fundación, se encuentran aportaciones recientes en campos tan diversos como las ciencias naturales, la lingüística, la crítica literaria, la antropología, las ciencias sociales, la filosofía y la historia.

La edición y distribución de libros tiene que ver con uno de los objetivos de la Universidad de Puerto Rico: la conservación, promoción y desarrollo de los valores del pueblo puertorriqueño. Con su gestión, La Editorial amplía la influencia de la Universidad en la sociedad puertorriqueña.

Como principal editorial institucional del país, La Editorial ha sido pionera en la publicación de libros fundacionales que no hubiera sido posible sino a través de su sello. La Editorial no se limita a publicar trabajos de sus propios estudiosos sino que acoge publicaciones excelentes de investigadores de otras instituciones académicas y de otros creadores distinguidos. De ese modo se establece un diálogo interuniversitario esencial y se proyecta la presencia de la Universidad fuera de las fronteras insulares.

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Museos en la red


El Museo de Arte de Puerto Rico
www.mapr.org

El Mu seo de Arte de Puerto Rico es una organización sin fines de lucro dedicada a coleccionar, estudiar, interpretar, exhibir y divulgar el arte puertorriqueño, latinoamericano e internacional. Inaugurado en el verano del año 2000, el edificio que alberga la exhibición de arte puertorriqueño desde la época colonial hasta tiempos contemporáneos, fue construido en 1920 como Hospital Municipal de San Juan. El mismo ha sido rehabilitado y restaurado como parte de la misión del Museo por preservar y divulgar el arte local en todas sus manifestaciones. Las instalaciones del Museo de Arte de Puerto Rico disfrutan de un magnífico patio escultórico con 14 obras de artistas locales para contemplar en armonía con la naturaleza.

El Museo de Arte de Ponce
www.museoarteponce.org


El Museo de Arte de Ponce se fundó en 1959 por el industrial ponceño y posteriormente Gobernador de Puerto Rico, Sr. Luis A. Ferré. El Arq. Edward Burell Stone diseñó la estructura que actualmente alberga la colección permanente que asciende a más de 3,000 obras. El nuevo edificio, de novedoso diseño arquitectónico, fue inaugurado en 1965 con espacio para catorce galerías de arte que albergan importantes colecciones tales como las de artistas puertorriqueños y latinoamericanos; las europeas, donde destaca la colección de pintura barroca italiana, la inglesa Pre-rafaelita, la escuela francesa y la de pintura del Siglo de Oro español. El objetivo principal del Museo es fomentar y promover la apreciación del arte en su pluralidad de manifestaciones. Mediante el diseño de programas educativos dirigidos a la comunidad, el Museo, promueve la preservación del arte. Esta entidad cuenta, además, con un excelente laboratorio de conservación y restauración sede para el adiestramiento y consultoría en el tratamiento de obras de arte.

Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico (MAC)
www.museocontemporaneopr.org


Institución sin fines de lucro dedicada al estudio, colección y difusión del arte contemporáneo puertorriqueño y latinoamericano. Recién inauguró nueva sede localizada en la Avenida Ponce de León, Parada 18, Santurce, en el restaurado edificio de la antigua Escuela Rafael M. de Labra.

El Instituto Latinoamericano de Museos (ILAM)
www.ilam.org



El Instituto Latinoamericano de Museos (ILAM) es una organización sin fines de lucro cuya misión es brindar, a través de la investigación, comunicación y la capacitación, un apoyo concreto a los museos y parques de América Latina posibilitando que estas instituciones sean agentes de cambio y desarrollo de las comunidades a quienes sirven.

El ILAM contribuye al desarrollo de la calidad en los museos latinoamericanos a través de tres formas principales: el aporte de una propuesta clasificatoria de las instituciones museológicas, la capacitación de los profesionales de museos y la vinculación de los profesionales y las instituciones. Por medio de su red electrónica, el ILAM está brindando una serie de servicios gratuitos, con el fin de solventar la creciente necesidad de información y comunicación en esta vasta y diversa región.

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Puerto Rico en la distancia


Puerto Rican Folkloric Dance & Cultural Center
www.prfdance.org


Somos el Ballet Folklorico de Puerto Rico & Centro Cultural, el único centro en Austin que se dedica a presentar el folklore puertorriqueño, incluyendo estudios de Puerto Rico. Nuestra meta es promover el conocimiento cultural y orgullo a través de presentaciones y programas educacionales en las Bellas Artes y cultura. Dicho centro fue fundado por Ana María Maynard en 1997, y somos un centro sin fines de lucro/"non profit" 501(C)(3). Ofrecemos programas de alta calidad, que enseñan los bailes tradicionales, música, cultura y el desarrollo histórico de las costumbres y tradiciones de nuestra isla. Nuestra compañía de baile, Puerto Rican Folkloric Dance, es auspiciado en parte por el National Endowment for the Arts, el Texas Commission on the Arts, el Austin Arts Commission, y el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

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Revistas en línea


Portal Iberoamericano de Gestión Cultural
www.gestioncultural.org


GC es el Portal Iberoamericano de Cooperación y Gestión Cultural que nos ofrece un sistema especializado de información, difusión y reflexión cultural accesible a través de Internet. Esta iniciativa pretende localizar, enumerar, describir, promover y difundir referencias, datos, documentación y otras informaciones sobre instituciones, equipamientos, servicios, recursos, programas y proyectos, así como todos aquellos otros elementos al servicio de la construcción y desarrollo del espacio cultural iberoamericano. Las instituciones promotoras son: Universidad de Barcelona, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, Agencia Española de Cooperación Internacional, Organización de Estados Iberoamericanos.

El diseño, la puesta en marcha y el seguimiento técnico del Portal GC se gestiona desde la Universidad de Barcelona bajo la dirección del Dr. Lluís Bonet y la coordinación general de Melba G. Claudio-González. El Instituto de Cultura Puertorriqueña colabora en esta iniciativa.

Portal de las revistas españolas tituladas "La aventura de la historia" y "Descubrir el arte"
www.artehistoria.com


Portal de las revistas españolas tituladas "La aventura de la historia" y "Descubrir el arte", enfocadas a la divulgación de material artístico e histórico. La página provee valiosa información que persigue la promoción de la cultura mediante la colaboración de museos españoles, historiadores del arte, además profesores y catedráticos universitarios de diferentes partes del mundo. Se accede a información de artistas dedicados a la plástica pictórica de todos los tiempos; ésta incluye ilustraciones de sus obras y el museo en que se encuentra la pieza. La página está diseñada para ofrecerle al usuario información general sobre museos, estilos artísticos, materiales y técnicas empleadas en el arte.

The Barcelona Review en español
www.barcelonareview.com/cas/

The Barcelona Review fomenta la creación literaria en el género de la narrativa breve, para lo cual recibe cientos de propuestas de escritores noveles e inéditos, que tienen así la oportunidad de presentar su obra junto a escritores de reconocido prestigio. Lanzada por primera vez a la red en abril de 1997, desde su sede en el Barri Gòtic, The Barcelona Review llega a su número 50 este septiembre de 2005. Considerada entre las cinco mejores páginas literarias según la revista estadounidense Writer's Digest, y como «la mejor revista literaria electrónica de ficción contemporánea internacional» por la editorial Doubleday, The Barcelona Review ha sabido mantener su calidad y prestigio a lo largo de todos estos años.

Puerto Rico en breve
www.preb.com

Puerto Rico en breve es un boletín que recoge la trayectoria histórica y cultural de Puerto Rico. Los usuarios tienen acceso a artículos y secciones informativas de hechos poco conocidos sobre nuestra historia, además biografías que narran la gesta de boricuas ilustres. Incluye reportajes sobre la Talla de santos, información sobre obras de artistas locales como Francisco Oller y Cesteros, datos sobre el Ataque inglés de 1797, Cartas de Muñoz Marín, entre otros escritos. Muchos de los reportajes incluidos han sido reseñados en los principales rotativos del país como El Nuevo Día, El San Juan Star, El Vocero, El Mundo.

Noctámbulo
www.noctambulo.com

Noctámbulo es la página principal de Mannon Network, que cuenta además, con una versión impresa de publicación mensual. Se ha abierto paso desde 1998 como un espacio necesario para documentar diferentes escenas que se dan entre la juventud puertorriqueña. Ya consagrada oficialmente como una publicación de cultura urbana, este sitio único sirve de foro a las inquietudes de los jóvenes y documenta sus intereses sociales y artísticos. Para más información de los demás canales que componen Mannon Network puede acceder www.mannonnetwork.com.

El Smithsonian American Art Magazine
www.nmaa-ryder.si.edu/journal


El Smithsonian American Art Magazine es una publicación del Smithsonian American Art Museum dedicado a explorar y estudiar todos los aspectos de la herencia plástica nacional desde tiempos coloniales hasta los contemporáneos. La revista provee información, tanto de los artistas y los objetos de arte, como de los factores culturales que influyen en la producción plástica americana desde hace trescientos años. El enfoque principal son las artes plásticas, pero también se incluyen aspectos de la cultura popular, el cine, multimedia, artes decorativas y artesanales. Todo esto visto a la luz de un análisis del entorno socio-económico en donde ocurren dichas manifestaciones.

El fundador del Smithsonian Institution fue el científico inglés James Smithson. En 1846, el Presidente James K. Polk, firma el Acta Congresional que establece al Smithsonian Institution como una fundación para el estudio y difusión de los saberes humanos.

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