El niño Juan Pantaleón Avilés de Luna Alvarado

La leyenda al pie de la obra explica su ejecución. «Juan Pantaleón hijo legítimo de Luis de Avilés y de Martina de Luna Alvarado. Vecinos labradores de la Villa de/ Coamo en la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico. Nació el día 2 de julio de 1806, y conducido por sus padres a esta Capital/ le confirió el Sacramento de la Confirmación el 6 de abril de 1808 el Ilmo. Sr. Obispo Diocno D. D. Juan Alejo de Arizmendi por cuya orden/ se hizo esta copia cogida del natural. José Campeche.»

El retrato del niño Juan Pantaleón Avilés de Luna Alvarado es de singular importancia para la pintura fisonómica en Puerto Rico y para la producción plástica de Campeche. Conforme explica la leyenda, el niño coameño, nacido sin brazos, fue retratado por José Campeche a solicitud del primer obispo puertorriqueño Juan Alejo de Arizmendi luego que éste le administrara al menor la Confirmación. La solicitud del Obispo Arizmendi de retratar al niño surge de las ideas de los “ilustrados” cuyas tesis promovían el estudio científico de fenómenos de la naturaleza.

La obra se configuró obedeciendo una composición centralizada. El niño, en primer plano, ha sido retratado desnudo con la cabeza ligeramente inclinada hacia su derecha. Los expresivos ojos del infante evidencian un leve padecimiento de estrabismo. Juan Pantaleón carece de brazos, tiene el vientre hinchado, piernas cortas y rollizas con pies diminutos. El afectado cuerpo descansa sobre almohadones azules en un sillón con respaldo en madera, vestido con sábanas blancas. El fondo, a modo de telón, muestra un paisaje bañado de luz constituido por celajes, vegetación y un horizonte bajo que ha sido realzado por montes violáceos sugerentes de la topografía puertorriqueña.

La paleta empleada por el artista es de factura rococó sirviéndose de brillantes y delicados tintes. En las carnes, Campeche ha utilizado un blanco cremoso oscurecido con grises cenizos para lograr las sombras. Las mejillas y plantas de los pies del pequeño han sido acentuadas con tintes rosados. El azul brillante empleado para el cielo se prolonga en el azul pálido del almohadón. Esta paleta es acentuada por una brillante luz proveniente en diagonal del extremo derecho del retratado resbalándose por su cuerpo y por los textiles que le rodean.

La obra documenta un caso médico que en su época atrajo la atención de curiosos e “ilustrados” como el propio obispo Arizmendi. Según la estudiosa Marta Traba este es un retrato defensor de la visión singular y de la observación minuciosa del artista. La pieza evidencia la condición del niño, pero a su vez proyecta la mirada cuidadosa e individual de Campeche. El artista ha representado a Juan Pantaleón digna y compasivamente. Su rostro proyecta la dulzura y seriedad de un ser de corta edad que asume una actitud estoica ante un designio divino. “[…] Nunca la belleza del desvalimiento pudo encontrar un intérprete más elusivo y conmovedor, cuya pintura rodea lo que toca, dice sin ruido y al fin levanta el tema por sobre toda desventura.” (Traba, 1972, p.50).

Referencias:

Dávila, Arturo. José Campeche: 1751- 1809. San Juan, PR: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1971.

Taylor, René. José Campeche y su tiempo. Ponce, PR.: Museo de Arte de Ponce, 1988.

Traba, Marta, “El ojo alerta de Campeche”, La Torre, México: Universidad de Puerto Rico, año XX, núm. 77 y 78, julio- septiembre de 1972 y octubre- diciembre de 1972, pp. 43- 51.

El niño Juan Pantaleón Avilés de Luna Alvarado

José Campeche y Jordán (San Juan, Puerto Rico 1751-1809)
El niño Juan Pantaleón Avilés de Luna Alvarado
1808
Óleo sobre tela
Sin marco: 27 3/8" x 19 5/8"
Colección del Instituto de Cultura Puertorriqueña