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casa de Don Leopoldo Santiago Lavandero (cont.)
Artículo por Karin Cardona,
Directora, Archivo General de Puerto Rico
Don Leopoldo Santiago Lavandero
nació en Guayama en 1912. En 1935 obtuvo un bachillerato
en Ciencias de la Universidad de Puerto Rico. Un año
más tarde partió hacia Nueva York donde cursó
estudios en el "New Teather School". Desde 1938 hasta 1940 estudió
en el Departamento de Drama de la Universidad de Yale.
De regreso a Puerto Rico,
ya casado con Doña Camelia organizó y dirigió,
junto a Emilio S. Belaval, una asociación llamada Areyto
la cual se dedicó a presentar obras originales de autores
puertorriqueños. En 1941 comenzó a trabajar como
instructor de teatro en la Universidad de Puerto Rico. A partir
de entonces y durante los siguientes siete años se dedicó
a enseñar, así como también a organizar
y dirigir el Departamento de Drama de la Universidad de Puerto
Rico. En 1946 diseñó el Teatro Rodante Universitario
con el cual recorrió toda la isla.
Regresó a Yale donde
obtuvo una Maestría en Bellas Artes. En esta prestigiosa
universidad fungió como profesor auxiliar de la Escuela
de Teatro y como director del "Yale Dramatic Association". Durante
todos estos años (1947-1956), además de la enseñanza,
se dedicó a dirigir importantes producciones teatrales
con figuras destacadas en el cine y el teatro norteamericano.
Inclusive entre sus alumnos se encontraba el conocido actor
Paul Newman.
En 1956, ya de regreso en
la isla, comenzó a trabajar como Director de Programación
de la WIPR. En 1960 se le nombró Director del Programa
de Teatro Escolar y en 1967 pasó a ocupar el puesto de
Director General del Programa de Bellas Artes para todo el sistema
público escolar de Puerto Rico. Diez años más
tarde se retiró. Lamentablemente para entonces ya la
Compañía Teatral de Maestros y el Mini Teatro
Rural habían cesado sus funciones y el programa de teatro
escolar comenzaba a languidecer. Si esto nos parece triste,
más nos debe desilusionar el que un programa que rindió
tantos frutos y sembró altos valores en nuestros niños
no haya podido ser levantado.
Entre los documentos que fuimos
a buscar a su casa y en todos los que generosamente nos han
ido donando podemos encontrar la esencia de su obra. Aquí
veremos sus escritos originales, adaptaciones de obras, dibujos,
maquetas de diferentes producciones, fotografías, (no
sólo de las obras en que figuró como actor, sino
también de las que se presentaban en las escuelas), diapositivas,
correspondencia, reconocimientos, diseños de vestuario,
memorabilia e inclusive una valiosa colección de libros
relacionados con el teatro y el arte en general.
Aquel día en casa de
Don Leopoldo terminó muy rápido. Luego que revisamos
algunos documentos los dejamos descansar y nos retiramos. Por
supuesto hasta el otro día cuando a primera hora de la
mañana ya estábamos de vuelta y fuimos recibidas
con el mismo calor y cariño que el día anterior.
Luego de unas fotografías, otra hora de conversación
y un apetitoso almuerzo llegó el momento de despedirnos
para regresar a la isla. De allí salimos tristes por
dejarlos, pero a la vez contentas y seguras de que le habíamos
llevado un pedazo de Puerto Rico y de que habíamos recibido
los frutos de casi medio siglo de dedicación y respeto
por nuestra cultura, nuestra gente y sobre todo por nuestros
niños. Habíamos recibido una lección de
luchas y logros y sobre todo de dedicación y dignidad.
Entre las cartas que logramos
recuperar hay una que me interesa citar por el orgullo con que
se habla de la labor de Don Leopoldo. Es una carta enviada al
profesor en 1987 por el entonces Gobernador de Puerto Rico Rafael
Hernández Colón. El párrafo que más
me llamó la atención fue el siguiente; "Tu figura
imponente en tus años mozos y más imponente aún
en tus años mayores, es una que jamás se le olvidará
a la memoria de nuestra tierra, porque hiciste vibrar con tus
aportaciones no sólo los decorados y telones del escenario
sino los corazones de los que, desde abajo en las lunetas y
desde arriba en las galerías acudían a disfrutar
tu obra. Gracias, Poldín, por la herencia de bien que
dejaste a nuestro quehacer cultural".
Gracias Don Leopoldo.
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